lunes, 5 de abril de 2010

Lo que dicen los Medios Digitales Cubanos.

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En medio de los preparativos para su viaje sorpresa al Afganistán en guerra desde hace ocho años, el presidente de los Estados Unidos encontró oportunidad para pronunciarse sobre Cuba. El titular más propagado, luego de que fuera emitido un comunicado desde la Casa Blanca el pasado 24 de marzo, dice que Obama critica a Cuba por violación de los derechos humanos. 

Según el Jefe de Estado, en la Isla se ha producido un creciente hostigamiento “hacia aquellos que se atreven a dar voz a los deseos de sus compatriotas cubanos". Obnubilado por los falsos ecos de las manifestaciones de las “damas de blanco” —grupo de probada militancia mercenaria— y por las protestas promovidas por algunos de los llamados “presos de conciencia”, el presidente pide el “fin de la represión” en Cuba. Pensemos, sin perder la esperanza, en que el empeño de Obama por sacar adelante la reforma sanitaria y la nueva ofensiva a Kandahar, han mediado su concentración para discernir entre bullicio y realidad y limitado sus posibilidades de analizar cabalmente el tema de Cuba. 

La palabra “madres”, seguramente conmueve también a Obama tanto como ha conmocionado a otros que las mencionan casi a diario en sus páginas de Internet. En las salidas recientes de estas mujeres por calles de La Habana, las protagonistas se convirtieron en la comidilla de los medios y en receptoras de la “solidaridad” de personas dentro y fuera del Archipiélago. Sin embargo, las “insensibles” autoridades de la Isla, no han cedido ante los últimos “juegos de fuerza” y por ello, han merecido convertirse en diana de los pronunciamientos de anticubanos de todas latitudes y partidos.

Y claro, es difícil que alguien —como le sucedió a Obama— no se sienta “perturbado” por imágenes de las madres de los “presos políticos” cubanos “reprimidas por el régimen”. Lo que replicaron El País, El Mundo, La Vanguardia, BBC Mundo o El Nuevo Herald, sobre los “paseos” de las “damas” por La Habana, fue su verdad manejada. Las fotos y videos que las muestran junto a oficiales del Ministerio del Interior, no dicen que estos trataban de protegerlas para devolverlas a sus casas, no muestran las olas de pueblo que iban detrás, abucheándolas por su actuación ridícula.

Mientras en la Calle 8 de Miami, en complicidad con las “señoras del gladiolo” marchaban el confeso terrorista Luis Posada Carriles —cuyos crímenes encubre la “gran prensa”- y la cantante Gloria Estefan —a quien hace poco se le reconocieron vínculos con la CIA y la participación en operaciones ilegales de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA)—, se aliaban al nuevo manifiesto condenatorio a la Isla que con el slogan “Yo acuso al gobierno cubano” firman personajes de todas las tendencias. Nadie se explica cómo pudieron comulgar juntos en pos de una misma carta, activistas de filiaciones tan controversiales como Ninoska Pérez, ex cabecilla de la FNCA; el escritor peruano Mario Vargas Llosa, crítico obsesivo de la Revolución; Carlos Alberto Montaner, conocido agente de la CIA o Ernesto Hernández Busto, articulista de Penúltimos días, quien en 2008 declaró abiertamente simpatizar con la idea de que una intervención militar de Estados Unidos es “la manera más rápida y productiva” para “acabar” con la Revolución cubana.

Los promotores de esta otra campaña se ufanan de haber inscrito unas 40 mil firmas desde la Isla y el extranjero, pero no se atreven a profundizar en el prestigio de las rúbricas.  Ni siquiera es posible conocer a la mayoría de los firmantes, pues sus nombres no se divulgan. No han encontrado el respaldo suficiente de voces destacadas de la intelectualidad y la cultura. Solo unos pocos artistas famosos o apenas dos o tres con obras valiosas, han suscrito este texto perverso y falsario. Habría que preguntarse si realmente leyeron esas líneas donde se llega a reclamar a la Revolución, el “respeto a la vida”.

Otro recurso que denuncia la verdadera naturaleza de esta estrategia de los medios fue el empleado contra el actor Willy Toledo y el cantante Miguel Bosé. El objetivo es emplazar a todo el que se pare ante un micrófono, lo mismo para presentar un disco, que para solidarizarse con Haití. Sin embargo, el testimonio final de Toledo, por solo citar uno de los ejemplos, ofrece pocas posibilidades a la interpretación ambigua: “A Cuba le imparten clases de derechos humanos los mismos que planean y ejecutan `guerras preventivas´; le exigen respeto a las garantías penales y procesales quienes miran a otro lado cuando se menciona Abu Grahib o Bagram, quienes crean y mantienen Guantánamo o le dan carta de naturaleza, consintiendo que vuelos secretos con personas secuestradas hagan escala en su territorio o acogiendo en su sistema penitenciario a sus `presos´”.

Algo similar sucedió con las declaraciones del cantautor cubano Silvio Rodríguez. En una de intervenciones a propósito de la presentación de su más reciente disco Segunda cita hizo referencia al texto de la canción “Sea Señora”: A desencanto, opóngase deseo. Superen la erre de revolución. Y aclaró: “si suprimimos la ´r´ de Revolución lo que queda es evolución. A eso me refiero. Es imposible que haya un mundo en semejante estado de reposo”.  Fue suficiente para que las palabras del trovador se convirtieran en diana de la más inescrupulosa y premeditada descontextualización. Omitieron sus palabras cuando advirtió estar “viendo amplificado últimamente situaciones hacia Cuba y contra Cuba que durante todos estos 50 años” había percibido idénticas. “Y en este momento –agregó-, quizá producto de las características de la tecnología, parece, pareciera, que hay como un consenso superior contra Cuba”. Era obvio que el resto de sus comentarios no convenía como titulares a la misma prensa que quiso sumarlo al fabricado cúmulo de señales que promueven la idea de una “change” en la Isla.  Diciendo sus verdades “a tiempo y sonriente”, Silvio confirmó: “yo, que llevo 50 años viviendo en Cuba, y que conozco todo eso que ha pasado, sigo teniendo muchas más razones para creer en la Revolución que para creer en sus detractores”.

Las versiones que algunas agencias ofrecen acerca de la Cuba de hoy, no son más que un reducto favorable a los intereses del imperialismo. Así apareció Orlando Zapata Tamayo como el mártir que necesitaba la contrarrevolución carente de líderes y fetiches. Los adversarios, más activos que en otras ocasiones, encontraron en la muerte de un ser humano, el motivo para empezar, desde la más reacia fracción de la blogosfera y luego con el sostén de medios como El País y The Washington Post, una de las más cruentas maniobras mediáticas para incriminarnos.

El diario del Grupo PRISA se estrenó en la contienda el 25 de febrero con el editorial “Credenciales cubanas”, al que le han seguido varias ráfagas de reportajes y artículos de opinión. La búsqueda de la palabra “Cuba” arrojaba el 30 de marzo unos 120 resultados para la versión de este periódico en Internet. Silenciando incluso la situación de los civiles en Afganistán o la de los huérfanos de Haití a causa del terremoto del pasado enero, El País consagra parte de sus páginas a replicar a la bloguera Yoani Sánchez -mercenaria pagada para realizar actividad subversiva dentro de la Isla. Para rematar, en “Cuba, cuenta atrás”, del primero de abril, el diario vuelve a tenderle la mano a las “damas de blanco” y los llamados “presos políticos”, intentando quitarles la etiqueta de “agentes del imperialismo”.

El tono de El País no logra camuflar el deseo de hostigamiento a Cuba. Su “tarde o temprano, el Gobierno cubano tendrá que poner en libertad a los presos políticos y, por tanto, mejor que lo haga cuanto antes”, resulta amenazante. Tendríamos que preguntarles quién se atreverá a espetarle en ese tono a Obama por los Cinco cubanos presos injustamente en los EE.UU.

Aprovechando la coyuntura, una vez más, le hacen el juego a los Estados Unidos, en el afán por erosionar las relaciones de Cuba con el mundo y demeritar el ejemplo inspirador de la Revolución para los pueblos latinoamericanos. El Parlamento Europeo ha llegado a emitir una resolución que estimula a las instituciones de sus países para que “alienten sin reservas el inicio de un proceso pacífico de transición política hacia una democracia pluripartidista en Cuba”. Europa ha vuelto a la carga con saña, alzando ahora el banderín de la “situación de los presos políticos”. Así, también, complementa la mentira gigante sobre un pueblo que desde hace 50 años ha defendido la solidaridad como principio y no conoce en suelo propio de torturas ni de ejecuciones fuera de la ley.

Para mantener el fuego atizado, un día después del deceso del preso Tamayo, apareció Coco Fariñas, el nuevo candidato a “santo de la disidencia”, quien ha recibido la visita de funcionarios de la embajada española en La Habana y la propuesta de ese mismo gobierno de ser trasladado a su país. Los tutores europeos y norteamericanos “revolotean” alrededor de cualquier acción que pueda generar desconfianza hacia Cuba. Recordemos que en las mismas calles por las que caminaron las “damas de blanco” en días pasados, podía encontrarse con facilidad a Lowell Dale Lawton, segundo Secretario Político Económico de la SINA, Ingemar Cederberg, Ministro de la Embajada de Suecia, o a Volker Pellet, funcionario del gobierno alemán en La Habana.

Cuando el 23 de marzo El País informó sobre los acuerdos de la última reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en Aruba, y comentó sobre el aumento de la violencia hacia los profesionales de la información, señaló que “las conclusiones [del evento] incluyen una referencia directa a la situación de los derechos humanos en Cuba y al `calvario´ del periodista cubano Guillermo Fariñas”. Nada se dice en esta nota acerca de Honduras, donde en la semana anterior, dos periodistas habían sido asesinados por la cobertura de las protestas contra el golpe de Estado de junio de 2009.

Siguiendo la ruta de este plan de marcado matiz terrorista para la desestabilización de la Revolución cubana –aclaremos que los medios no han utilizado nunca el término “terrorista” para referirse a la campaña- aparece también la censura por parte de la empresa Google al blog del articulista y ensayista cubano Enrique Ubieta Gómez, quien ha denunciado el acoso mediático y ha descaracterizado a sus impulsores. La conjura duró poco, pues el blog fue restituido, al parecer, luego de los comentarios que comenzaban a suscitarse alrededor de la legitimidad de la tantas veces ponderada “libertad de expresión”. No convenía, pues, callar otra voz, por incómoda que fuere, cuando la prensa ataca a Cuba, empuñando, precisamente, el estilete de la “palabra libre”.

Una nueva artimaña se ha gestado en los últimos días por los promotores de la carta sin firmas: un llamado a los escritores y artistas cubanos a traicionar a la Revolución, una colección de aforismos sin sustento y más mentiras que se añade a la aviesa e inescrupulosa campaña contra Cuba.

El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano emplazaba, a propósito de esta nueva embestida, a las publicaciones que han hecho foco en Cuba buscando encontrar solo defectos, y denunciaba que los grandes medios de comunicación “no hayan recogido en tantas páginas que dedicaron al terremoto de Haití, que el país que más médicos mandó fue Cuba, 1.000, y que los galenos haitianos recibieron la formación en el país cubano de forma gratuita”.

Galeano ha aportado además, una metáfora de contenido irrebatible: “contra Cuba se aplica una lupa inmensa que magnifica todo lo que allí ocurre cada vez que conviene a los intereses enemigos, llamando la atención sobre lo que pasa en la Revolución, mientras la lupa se distrae y no alcanza ver otras cosas importantes y que los medios de comunicación no hacen por informar”.

Mientras algunos nos acusan de malévolos criminales, como tantas otras veces, los cubanos hemos recibido el respaldo de los amigos del mundo. El documento En Defensa de Cuba, que denuncia la intromisión del Parlamento Europeo en los asuntos de la Isla ha sido respaldado, entre otros, por el presidente boliviano Evo Morales, el filósofo húngaro István Mészáros, el ensayista y periodista franco-español Ignacio Ramonet, el teólogo y escritor brasileño Frei Betto, el actor estadounidense Danny Glover, el cineasta boliviano Jorge Sanjinés, el historiador y profesor italiano Piero Gleijeses, la escritora argentina Stella Caloni y el Premio Nobel de Física ruso Zhores Alfiorov.

Asimismo, se suman nombres como Atilio Borón, Carlo Frabetti, Gianni Miná, Lucius Walker, Oscar Niemeyer, Ray Brown, Setsuko Ono, Belén Gopegui, Boaventura de Sousa, Horacio Cerutti, Ana Esther Ceceña, Thiago de Melo, Alfonso Sastre y François Houtart.            

Nuevamente la ética y la razón ponen a prueba a los hombres y mujeres de bien. Eso que el intelectual español y Premio Rómulo Gallegos Isaac Rosa denomina la “hipervisibilidad de Cuba”, o lo que es lo mismo, la sobreexposición mediática que ha sufrido el país en los últimos años con la excusa de los derechos humanos, no ha logrado hablar en términos justos de la realidad de este pueblo.