domingo, 13 de junio de 2010

Entrevista a Yoani Sánchez en el diario Catalán Deia.

"La visibilidad que me da internet es un escudo; sin eso estaría en la cárcel acusada de un delito común"

La filóloga Yoani Sánchez (La Habana, 1975) se ha erigido en una de las blogueras más conocidas del mundo. La notoriedad se la debe, en gran medida, a su conocido blog 'Generación Y', un espacio donde describe con crudeza el día a día de los habitantes de Centro Habana.

 Ciberdisidente. O así figura en muchas páginas de internet. Lo cierto es que la bloguera más famosa de Cuba no ahorra en adjetivos a la hora de descalificar la gestión del Gobierno cubano.

¿Cómo se define usted?

Soy una ciudadana independiente, en el sentido de que nunca he estado afiliada a ningún grupo político, una persona que enseña lo que vive a su alrededor, una bloger, una periodista ciudadana.

Sabiendo las circunstancias políticas por las que atraviesa Cuba, ¿no le da miedo que sus palabras puedan ser utilizadas por elementos de la oposición más reaccionaria?

La única manera de que no te utilicen es quedarse callado. Yo siento que el que más nos manipula es el Gobierno cubano, que utiliza nuestro silencio como una aceptación tácita de lo que ocurre en mi país.

Usted dice sufrir presiones y acusa al Gobierno de vigilarla.

A veces me pregunto cómo voy a sobrevivir a esa presión destructiva que intenta matarte socialmente, pero hay gente que me anima y ahí se me cargan las baterías. Me confirma que no soy yo la que estoy haciendo algo raro, sino que es el Gobierno el que está tratando de acallar la pluralidad de ideas.

¿Ha tomado el Gobierno cubano medidas represivas contra usted?

Fui detenida una vez y me vigilan. La visibilidad que me da internet es un escudo. Pero si no existiera ese hecho, estaría detrás de unas rejas, culpada de un delito común.

¿De qué viven usted y su marido?

Vivimos en estado de inestabilidad permanente desde hace años. Ahora bien, mi marido y yo llevamos años dando clases de español a turistas de forma ilegal, y eso nos permite tener cierta independencia económica. Y ahora mi libro (Cuba libre) me reporta también algo de dinero, pues está teniendo mucho éxito en Latinoamérica. Eso me da autonomía para que nadie condicione mis palabras.

En 2002 se fue a vivir a Suiza y luego regresó. ¿Por qué?

Abandoné mi país, pero yo tengo mis raíces aquí. Retorné por motivos de corte familiar y personal. Después de dos años de estar dividida entre mi vida y lo que ocurría en Cuba, decidí volver.

El Gobierno cubano la aceptó, a pesar de haber estado más de 11 meses en el extranjero.

Esa ley es anticonstitucional, pero el papeleo se ha convertido en una industria favorable para el Gobierno, por eso es que mantiene esas restricciones. Destruí mi pasaporte y el Gobierno cubano no podía mandarme a otro país. Finalmente, como tenía un hijo decidieron devolverme mi carné de identidad.

¿Cómo ve a los grupos opositores de la isla?

La muerte lamentable de Orlando Zapata ha funcionado como elemento de unidad en la oposición y en otros organismos cívicos. Los inconformes van ganando espacio aunque aún no pueden proyectar su voz con la intensidad que quisieran, porque los medios de comunicación son monopolio del Estado.

Y los ciudadanos, ¿cómo viven estos hechos?

El control de la información es uno de los pilares sobre los que se basa el Gobierno cubano. Eso ha ido cambiando y gracias a la tecnología los ciudadanos están recibiendo más información. Pero hay muchas distorsiones en los entretiempos: desde que se produce la información hasta que el cubano la recibe. Yo creo que ahora hay un 10% de la población que aplaude al Gobierno, otro 10% está abiertamente en contra, y hay un 80% que se mueve en una dirección o en otra dependiendo de cómo están los vientos.

En un futuro usted aboga por el pseudocapitalismo. ¿Y por qué no un pseudosocialismo?

Plantear el dilema de Cuba como capitalismo y socialismo es una falta de cintura. Cuba no es un país socialista, es un país donde hay un capitalismo de Estado. Yo ya no creo ni en derechas ni en izquierdas. Creo, eso sí, en un sistema más humano, más participativo. ¿Cómo se llama? No sé, pero podemos darle nombre.

¿A qué le gustaría dedicarse en el futuro?

Me encantaría participar en un proyecto de prensa libre.